domingo, 5 de junio de 2022

Entender las memorias prenatales y natales. Un marco teórico; por Tara Blasco



"Este nuevo paradigma considera
que los pre-nacidos
y los recién nacidos
son seres conscientes,
capaces de tener memoria,
actividad mental,
inteligencia y emociones,
así como capacidad
de aprender y comunicar."
Tara Blasco




La Vida Intrauterina recupera este espléndido artículo* de la terapeuta y formadora Tara Blasco publicado el 2011 por la Asociación Española de Terapia Biodinámica Craneosacral en su revista La Marea. Dra. en Psicología clínica, especialidad Psicología Prenatal y Perinatal por el Santa Barbara Graduate Institute de California y terapeuta craneosacral registrada, Tara Blasco es la directora actual de la clínica BEBA, de la que fue codirectora junto a Ray Castellino hasta su triste fallecimiento en diciembre de 2020. Muchas gracias a Tara y a la AETBC:



Entender las memorias prenatales y natales. Un marco teórico

A lo largo de los últimos doscientos años, la creencia más dominante entre las profesiones médica y psicológica era que los pre-natos y los recién nacidos no eran seres conscientes porque sus cerebros no estaban plenamente desarrollados, y que los niños preverbales no tenían capacidad memorística. Al mismo tiempo, otra creencia prevaleciente era que los adultos no podían recordar sus vidas antes de los tres años de edad —un fenómeno llamado amnesia infantil— y que cualquier recuerdo de esa edad era una fantasía o un falso recuerdo (Chamberlain, 1990; Siegel, 1999; Siegel & Hartzell, 2003). La suposición subyacente es que la mente es una función del cerebro, y, por esta razón, la mente no existe hasta que el cerebro está plenamente desarrollado. Como corolario, una vez que el cerebro muere, la mente también deja de existir.

A lo largo de las últimas décadas, la investigación de la vida prenatal, de las experiencias cercanas a la muerte y de la reencarnación han mostrado un número abrumador de casos que indican que la consciencia es independiente del cerebro y precede al desarrollo del sistema nervioso central (Atwater, 1999; Chamberlain, 1999a, Ring & Elsaesser Valarino, 2000; Shroder, 2001; Tendam, 1990). Al mismo tiempo, las investigaciones han mostrado que los pre-natos y los recién nacidos son capaces de comunicación inteligente y de tener memoria. Esta última perspectiva, parte del nuevo paradigma emergente (Chamberlain, 1999a; Dossey, 1990; McCarty 2002, 2004; Wade, 1996), tiene implicaciones claras e importantes para nuestra manera de encontrarnos con los pre-nacidos y recién nacidos, así como para nuestra manera de dar apoyo a la gente en el momento de la muerte. Este nuevo paradigma considera que los pre-nacidos y los recién nacidos son seres conscientes, capaces de tener memoria, actividad mental, inteligencia y emociones, así como capacidad de aprender y comunicar.

En las últimas décadas, diferentes psicólogos y psicoterapeutas han descubierto casos de adultos que recuerdan espontáneamente sus vidas prenatales y sus nacimientos (Chamberlain, 1999b; Check, 1986; Janov, 1983). Estos recuerdos han sido corroborados frecuentemente por registros hospitalarios o por la información facilitada por los padres del cliente. Esto, en sí mismo, ha cuestionado la vieja creencia sobre la amnesia infantil y la supuesta capacidad de los pre-nacidos y recién nacidos de aprender y comunicar. Estudios posteriores han descubierto que los niños, durante la etapa en que gatean, también son capaces de recordar sucesos específicos de sus nacimientos y vidas prenatales, y son capaces de comunicar estas memorias explícitas cuando empiezan a hablar (Ikegawa, 2002; McCarty, 2004; Piontelli, 2004; Rhodes, 1991).

Investigar cómo un niño o un adulto es capaz de recordar su vida en el útero durante los últimos meses de gestación, cuando el cerebro ya está formado —aunque no plenamente desarrollado— es un reto en sí mismo. La explicación de la existencia de los recuerdos de la concepción, en incluso de antes, cuestiona todavía más el antiguo paradigma, que considera que los recuerdos están almacenados en el cerebro. ¿Cómo puede alguien recordar algo de un tiempo en que el cerebro ni siquiera existía? ¿Son la memoria, la mente y la conciencia, después de todo, funciones del cerebro o preceden al nacimiento y continúan después de la muerte?

Expandiendo el campo de la investigación de la memoria Lashley (1960), uno de los primeros investigadores de la memoria, intentó durante treinta años encontrar la ubicación y la sustancia de la memoria. Experimentó con animales; les cortó porciones de sus cerebros y predijo que perderían lo que habían aprendido. Para su sorpresa, aunque su rendimiento empeoraba, no perdían la capacidad de recordar (Ferguson, 1978; Sheldrake, 1995). Estos experimentos le hicieron llegar a la conclusión de que la memoria no puede estar localizada en ningún área particular del cerebro.

Karl Pribram (1971) se vio atraído por la investigación cerebral a partir de su interés por la memoria. Participó en la escritura de la investigación de Lashley y se preguntó cómo era que la memoria no está almacenada en ninguna parte concreta del cerebro sino en todo él. Se sentía profundamente intrigado por el misterio de la memoria, y a mediados de los 60 conoció el concepto de holograma, una especie de imagen tridimensional producida por la fotografía sin lentes (Ferguson, 1978). Pensó que el holograma era un buen modelo para explicar cómo almacenamos la memoria, no en una parte localizada sino extendida por el cerebro (Wade, 1996). Pribram descubrió un mecanismo que explicaría cómo se almacena la totalidad en cada parte: el modelo holístico. Él habla de memoria celular basándose en el modelo holográfico en el que cada célula cerebral es portadora de la memoria de la totalidad.


Memoria no-física o trascendente

En algún momento de su carrera, Pribram llegó a darse cuenta de que no sólo el cerebro funcionaba como un holograma, sino de que la totalidad del universo es un holograma. Poco después leyó los trabajos de David Bohm sobre la física, y se quedó electrificado al darse cuenta que Bohm también estaba describiendo un universo holográfico (Ferguson, 1978). “Nuestros cerebros construyen matemáticamente la realidad 'concreta' al interpretar las frecuncias de otra dimensión, una serie de pautas significativas, una realidad primaria que trasciende el tiempo y el espacio. El cerebro es un holograma, que interpreta un universo holográfico” (Wilber, 1985, p.5).

El paradigma holográfico de Bohm incluye un orden explicado, compuesto por lo que es visible, audible y tangible para nosotros, pero mantiene que este mundo en realidad es una ilusión, como la imagen tridimensional realizada con ayuda de un láser. Existe, dice él, un orden implicado o plegado que subyace y es causa del orden explicado (Ferguson, 1987). En otras palabras, el mundo que percibimos (orden explicado) sólo es una proyección de una dimensión superior de la realidad que está más allá del tiempo, el espacio y la materia (orden implicado) (Talbot, 1991). El orden implicado, a su vez, según Bohm, surge de una serie de órdenes más y más profundos, que se funden en el holomovimiento, el fundamento infinito de todo lo que es (Friedman, 1994). Dentro de este holomovimiento, todos los aspectos de la realidad están interrelacionados e interconectados en una totalidad indivisa. “El sentido que Bohm da a la interrelación simultánea y a la interpenetración de todos los fenómenos probablemente se resume de manera óptima llamando a su perspectiva paradigma holonómico (de holos y nomos, la ley de la totalidad)” (Wade, 1996, p.8). El orden explicado puede concebirse como una interpretación hologáfica estática del holomovimiento. “La analogía del holograma nos muestra cómo puede desplegarse el holomovimiento. Bohm llama a este despliegue el orden explicado” (Friedman, 1994, pp.63, 64).

El paradigma holonómico es una comprensión no-local y no-física de la memoria en la que ésta está asociada con las estructuras físicas del cerebro, pero no es necesariamente reducible a ellas. El modelo holonómico podría ayudar a explicar los recuerdos prenatales de una época en la que el sistema nervioso central no está totalmente desarrollado o ni siquiera existe.

El paradigma holonómico no es la única aproximación que permite postular un aspecto no-físico o trascendente de la memoria y la conciencia. Otros investigadores postulan que la mente es independiente del cerebro físico. Por ejemplo, Penfield (1975, citado por Wade, 1996) en sus últimos años y Eccles (1987) especulan sobre que la fuente de la conciencia y la memoria están fuera del plano material, y afirman que el cerebro sólo es un instrumento temporal de recepción. “Un componente clave de esta hipótesis es que la unidad de la experiencia consciente es provista por la mente autoconsciente, y no por la maquinaria neural de las áreas de relación de los hemisferios cerebrales” (Eccles, 1987, p.56).

Para Benito Reyes (1949), la memoria suele estar asociada en los seres humanos con el cerebro, aunque no podemos atribuir la memoria exclusivamente a los seres que tienen cerebro. Él ofrece el ejemplo de la ameba, que no tiene cerebro y, sin embargo, es capaz de recordar y aprender. Como dijo David Chamberlain: “Prueba de aprendizaje significa también prueba de memoria, porque el aprendizaje requiere memoria” (1998, p.35). Reyes afirma claramente que la memoria no es una función del cerebro; más bien, es una función de la conciencia. Sin conciencia no puede haber memoria. Él piensa que la conciencia es el asiento de la memoria. “Se está haciendo más y más evidente, incluso para los científicos positivos, que el cerebro sólo es un órgano secundario dirigido por una fuente más profunda, más sutil y no-física” (Reyes, 1949, p.114).

Uno de los biólogos más controvertidos del siglo XX, Rupert Sheldrake, presenta una aproximación revolucionaria a nuestra comprensión de la memoria. Ha desarrollado la importante teoría de los campos morfogenéticos, donde la memoria está almacenada fuera del cuerpo físico.

Las pautas espacio-temporales que recordamos podrían no estar inscritas en el cerebro en forma de huellas materiales, sino que podrían depender de campos mórficos. Recordamos debido a esta resonancia procedente de nosotros mismos en el pasado (Sheldrake, 1995b, p.197).

Su planteamiento pionero ha sido puesto en cuestión desde diferentes ángulos, como las investigaciones que se realizan en casos de daños cerebrales, y en las que se ve que las personas pierden memoria cuando se destruyen o retiran partes de sus cerebros. Estos casos apoyarían la noción de que la memoria está almacenada en el cerebro. Sheldrake, no obstante, responde diciendo: “El hecho de que el daño cerebral conduzca a la pérdida de memoria no prueba que los recuerdos estén almacenados dentro del cerebro dañado. Simplemente muestra que esas partes del cerebro tienen un papel en la recuperación de las memorias o en el proceso de sintonizar con ellas” (Sheldrake, 1995a, p.73).

A comienzos del siglo XX, Annie Besant (1999), presidenta de la Sociedad Teosófica durante más de veinticinco años, presentó un planteamiento revolucionario de la memoria que se corresponde con lo que Sheldrake ha venido describiendo desde una perspectiva científica a finales de ese mismo siglo. Besant no considera la memoria como información almacenada en el cerebro, sino como un recuerdo de la experiencia que hemos compartido previamente, y que está dentro de la conciencia del universo.

La memoria no es una facultad, y no se preserva: no es una capacidad inherente a la conciencia, y ninguna memoria de sucesos pasados está almacenada en la conciencia indivicual. Cada suceso es un hecho presente en la conciencia universal (Besant, 1999, p.201).

La teoría del campo morfogenético presentada por Sheldrake, así como otras explicaciones no-físicas o trascendentes de la memoria y la conciencia, como las presentadas por Besant (1999), Reyes (1949) y Bohm (1980), dejan mucho lugar para la existencia de recuerdos prenatales de una época en la que el cerebro no está desarrollado porque los recuerdos no se almacenan en el cerebro; el cerebro físico sólo es un instrumento, como un aparato de televisión a través del cual la información es recibida y transmitida.


La localización de la memoria en el prenato

Actualmente existen muchos estudios que muestran que los niños y los adultos son capaces de recordar sus vidas prenatales. Este descubrimiento suscita preguntas muy importantes. ¿Cuál es la naturaleza de la memoria y dónde está localizada? ¿Cómo es posible tener recuerdos de una época en la que el sistema nervioso central no estaba plenamente desarrollado o ni siquiera existía? Si un bebé es capaz de recordar su concepción, en una época en la que no tenía cerebro ni cuerpo, ¿dónde están almacenados estos recuerdos? En palabras de Chamberlain (1990):

Las memorias cercanas al nacimiento no son difíciles de explicar. Podemos probablemente asumir que cualquier equipo que está en su lugar en el nacimiento, también lo está un poco antes. Los recuerdos que se remontan al primer y segundo semestres requieren una explicación diferente (p. 178).

Para responder a estas cuestiones, es esencial explorar la localización de la memoria, que ha sido analizada por muchos investigadores a lo largo de este siglo. Gregory (1987), presenta dos aproximaciones principales con respecto a la localización de la memoria: “Desde como mínimo los años 40 ha habido una larga controversia entre psicólogos y fisiólogos sobre la posibilidad de localizar o no la memoria” (p. 458). Los modelos locales entienden que los recuerdos están codificados en estructuras identificables del cerebro, y los modelos no-locales consideran que los recuerdos están relacionados con las estructuras fisiológicas, pero no son necesariamente reducibles a ellas.

Jenny Wade (1996, 1998) explora detenidamente el tema de la memoria y la conciencia en el recién nacido y añade una tercera categoría a los dos modelos anteriores: el modelo no-físico o trascendente. Cada uno de estos modelos, local, no-local, y no-físico o trascendente, se apoya en datos empíricos, pero ninguno de ellos es completamente sistemático y, es justo añadir que los datos aún no son concluyentes (Gregory, 1987).


Modelo local

Diferentes investigadores han postulado la teoría de que la memoria se almacena y recupera en estructuras identificables del sistema nervioso central (McConnell, 1962; Ungar, 1967, Wolfgram & Goldstein, 1987), basándose en el papel de los péptidos como parte de la química cerebral. Daniel Siegel (1999) indica, no obstante, que no hay un “armario de almacenamiento” en el cerebro, donde se coloca algo y después se saca cuando se le necesita. “El almacenamiento de la memoria es el cambio en la probabilidad de activar en el futuro una red neural particular” (p.25). Lo que queda almacenado es la probabilidad de que las neuronas se activen siguiendo una pauta particular, pero no memorias específicas. Siegel explica que las diferentes estructuras cerebrales se relacionan con tipos de memoria específicos; por ejemplo, la amígdala y otras regiones límbicas se relacionan con la memoria emocional y la corteza motora se relaciona con la memoria conductual.

Van der Kolk (1996) postula que el sistema límbico, una parte esencial de las estructuras del cerebro medio, interviene en el almacenamiento y recuperación de la memoria. Esta información resulta ser muy significativa para la psicología prenatal y perinatal porque, como Pert (1987) sugiere, el sistema límbico ya está parcialmente maduro después de un mes de gestación, y plenamente formado para el tercer trimestre de la vida prenatal, lo que ofrece apoyo neurológico a la noción de que los prenatos son capaces de tener recuerdos desde muy al principio.



Modelo no-local

Otros investigadores postulan un planteamiento no-local cuando tratan de entender la ubicación de la memoria. La investigación reciente sobre los transmisores bioquímicos dice que el ARN, la parte del núcleo que es portadora de la información genética, también contiene y transmite memoria (Dossey, 1989; Rossi citado por Wade, 1996). Esto estaría en línea con las hipótesis de Verny y Kelly sobre la “memoria organísmica”, según la cual la memoria está codificada en la célula. “Planteo la hipótesis de que los [recuerdos] estén depositados en células individuales, y llamo a la memoria así derivada 'memoria organísmica'. Esto permitiría que una única célula, como un óvulo o un esperma, sea portador de 'memorias” (Verny & Kelly, 1981, p.192). Verny también postula la existencia de un sistema de memoria para-neurológica, que se explorará más adelante al considerar el modelo trascendente. La memoria celular y el modelo ARN podrían representar un mecanismo válido para las memorias prenatales desde incluso las primeras etapas del desarrollo prenatal (Dossey, 1989; Rossi, 1990 citado por Wade, 1996; Verny & Kelly, 1981). No obstante, este tipo de recuerdos no parecen explicar la existencia de una conciencia auto-consciente y los recuerdos específicos y detallados que algunos niños preverbales parecen exhibir a través de su conducta. Creo que resulta útil diferenciar entre la conciencia celular y la auto conciencia. En este contexto, parece que una célula es capaz de formar memorias e impresiones basadas en las experiencias básicas y en los procesos de aprendizaje, lo que no significa que las células sean capaces de mantener la conciencia del yo o del ser de la persona. Otros autores como Wade (1998) también creen que la memoria almacenada dentro de la célula es incapaz de explicar la existencia de la auto-identidad y los recuerdos relacionados con ella.

Por impresionantes que son, estas descripciones de la memoria celular no sustentan la idea de que la conciencia egóica existe no-localmente en el cuerpo. Los resultados demuestran un agregado de las memorias de las células individuales para dar un sistema integrado de respuestas corporales que pueden responder a una amenaza o rechazo del entorno, pero eso no es la conciencia caracterizada por la actividad mental socialmente abstracta (p.132).



Modelo trascendente o no-físico

Las teorías trascendentes o no-físicas como las presentadas por Besant (1999), Bohm & Peat (1987), Eccles (1989), Reyes (1949) o Sheldrake (1995a) ofrecen un modelo donde la conciencia y la memoria son anteriores al cuerpo físico, y no están limitadas por la existencia del cerebro. Estas teorías dejan mucho sitio para explicar la existencia de memorias prenatales desde el momento de la concepción, e incluso desde antes de eso.

Algunos investigadores hacen referencia a las experiencias anteriores a la concepción y hablan de cientos de casos en los que los padres conectan con sus futuros bebés antes de ser concebidos (Carman & Carman, 1999; Hallet, 1995). Esta idea también está presente en diferentes tradiciones, como la hindú o la tibetana, así como en los pueblos indígenas de Norteamérica, África y Australia (Carman & Carman, 1999; Hubbell Maiden & Farwell, 1997). Emerson et al. (1999) presentan el caso de una niña que recuerda su experiencia anterior a la concepción:

Una pareja tenía una niña y un recién nacido. La niña pedía una y otra vez que quería estar sola con el bebé. Sus padres tenían miedo de permitirlo, porque pensaban que tal vez ella sentía celosa de su nuevo hermano y le haría daño. Finalmente cedieron a su solicitud, pero escucharon a través del intercom lo que ocurría dentro de la habitación del recién nacido. La niña entró a la habitación y al principio hubo silencio. Entonces los padres oyeron a la niña decir al bebé: “Háblame del cielo. Estoy empezando a olvidarme.”


Fuente dual de conciencia y memoria

Estos tres modelos (local, no-local y trascendente) localizan la memoria en diferentes lugares (en estructuras específicas del cerebro, en las células y fuera del cuerpo). Los experimentos han mostrado que la conciencia de algunas personas es capaz de tener un doble punto de vista, uno desde la forma física y el otro externo a ella. Wade (1998) hace referencia a experimentos y estudios que comprenden recuerdos verídicos, prenatales y perinatales, recordados por adultos en terapia o condiciones experimentales (por ejemplo, Chamberlain, 1986, 1998, 1988b; Check, 1986). En estos casos, “la única manera de explicar los descubrimientos siguientes es aceptar que existe una conciencia que trasciende lo físico, o, al menos, que funciona fuera de los procesos fisiológicos conocidos, como fuente de la memoria.” (Wade, 1998, p.133)

Para Wade, la noción de que la conciencia existe independientemente y con anterioridad al funcionamiento cerebral es esencial para explicar las memorias natales que describen sucesos no-subjetivos que han sido validados por los padres o por los registros clínicos. De hecho, ella ha llegado a la conclusión, similar a la Wambach (1979), de que hay un punto de vista dual (interno y externo) en los pre-nacidos, dos fuentes de conciencia presentes al mismo tiempo. La primera se relaciona con una conciencia fetal bastante inmadura (que incluye impresiones de cambios en la química de la placenta, sensación de presión, memorias auditivas, impresiones y emociones, e incluso cierto desarrollo rudimentario del ego). “La segunda son descubrimientos de una forma de conciencia mucho más madura que trasciende, o está separada de, el cuerpo fetal” (Wade, 1998, p.136).

Esta percepción dual también está presente en los relatos espontáneos de los niños pequeños, así como en los de adultos bajo hipnosis. Chamberlain (1998) presenta varios relatos de adultos recordando experiencias prenatales que ejemplifican este punto de vista dual, como el siguiente de David: “A veces, siento como si estuviera en alguna parte de la habitación siendo testigo de lo que está pasando, y otras veces yo soy el niño y lo veo desde ese punto de vista.” Estas dos fuentes de conciencia y memoria forman parte claramente del mismo yo, y una de estas fuentes —la trascendente— opera independientemente del cerebro y del sistema nervioso central. En la misma línea, Verny y Kelly (1981) proponen la hipótesis de la existencia de un modelo de memoria bipolar como el único modo de explicar la existencia de recuerdos prenatales relacionadoas con la concepción y los primeros seis meses de gestación.

Consecuentemente, lo que estoy postulando son dos sistemas separados pero complementarios que sirven a nuestras facultades memorísticas. Uno depende para su funcionamiento del establecimiento de redes neurológicas maduras que comprenden el SNC-SNA y que está operativo en el sexto mes después de la concepción. Este sistema obedece las leyes de la física y la química. El otro es el sistema para-neurológico. Aún no conocemos las leyes que lo gobiernan (p.192).

McCarty (2004, 2006) como culminación de la investigación de la psicología prenatal y perinatal, de la nueva física y de sus propias experiencias personales y profesionales, presenta una tabla de características que describen las perspectivas humana y trascendente, y en este sentido provee nuevas comprensiones sobre las leyes que gobiernan estos dos sistemas.

La conciencia trascendental parece funcionar en el orden implícito y no-local de la realidad, existe con anterioridad a la encarnación y está siempre presente... La voz trascendente carece de emociones fuertes y retrata desde la perspectiva del testigo, con tonos de cuidado, compasión y amor que acompañan a la característica omnisapiente de esta perspectiva (McCarty, 2006, p.209).

Así es como McCarty describe la conciencia humana o biológica durante el desarrollo prenatal, enfocada en la forma física o en la experiencia físico-emocional:

Es instintiva, no reflexiva o implícita, somático-emocional, adaptativa, y relacional en su núcleo... La experiencia del yo humano es visceral, con fuertes emociones, e intrincadamente relacionada con la experiencia de la madre, a la que responde, y también con la salud del entorno uterino y con el viaje físico/emocional del nacimiento (McCarty, 2006, p209).

McCarty concluye que estos dos puntos de vista diferentes, el yo trascendental y el yo humano, una vez encarnado, operan conjuntamente como un Yo Integrado.


Modelo integrado u holonómico

Los experimentos que sustentan la idea del punto de vista dual de la conciencia y la memoria (biológica y trascendente) abren la puerta a un modelo integrado de la memoria y la conciencia. McCarty (2004) explica que en la literatura clínica prenatal y perinatal la mayoría de los testimonios hacen referencia a dos dimensiones de conciencia: una perspectiva trascendente y otra biológica humana. En la perspectiva biológica humana, McCarty incluye no sólo las fuentes de memoria basadas en el cerebro, sino también las memorias celulares y somáticas. McCarty (2004) explica la interconexión de estas distintas dimensiones —biológica y trascendente— usando el término Yo Integrado, y presenta un modelo integrado del primer desarrollo. “El modelo integrado del primer desarrollo se basa en la premisa de que para entender mejor el yo humano, tenemos que considerarlo en relación con el yo trascendental” (p.92).

Wade (1996) hace referencia a la teoría holonómica de la conciencia para describir una idea similar, y también escribe sobre una forma de conciencia dual “donde coexisten una fuente de conciencia físicamente trascendente y una fuente de conciencia basada en el cerebro (p.249).

Después de estudiar estos tres modelos de memoria —local (basada en el cerebro), no-local (celular y organísmica) y trascendente— y de seguir la síntesis presentada por Wade (teoría holonómica de la evolución de la conciencia), y McCarty (modelo integrado), creo que una aproximación sintética que incluya las fuentes tanto biológicas como trascendentes de la memoria es el más abarcante y el que mejor explica los datos clínicos relacionados con las memorias prenatales y perinatales, incluso de un periodo anterior a la existencia del cerebro. Los planteamientos integrado y holonómino se basan en la noción de que la memoria es holográfica, y por este motivo está almacenada a todos los niveles: en el cerebro, en las células y fuera del cuerpo físico. Desde esta perspectiva, el almacenamiento de la memoria es un sistema de biorretroalimentación evolucionante, dinámico, viviente, que incluye holonómicamente todos los niveles (McCarty, 2004).

Tara María Asunción Blasco Ph.D

Extractos de mi disertación titulada Prenatal and perinatal memories in preverbal children. Clinical observations using videotape examination.


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Artículo publicado en la revista La Marea nº16, septiembre 2011, AETC, p. 32-45.


Enlaces recomendados:

Prenatal and perinatal memories in preverbal children. Clinical observations using videotape examination
https://tarablasco.com/wp-content/uploads/Library/DISSERTATION_Tara_Blasco_.pdf

https://tarablasco.com/

https://castellinotraining.com/

https://formacioncastellino.es/

http://beba.org/

https://www.asociacioncraneosacral.com/


"Los talleres de Entorno Uterino son muy experienciales,
muy basados en la psicología somática."
Tara Blasco

Video: Entrevista a Tara Blasco. Taller de entorno uterino:



"(...) si exploramos la psicología prenatal y perinatal
nos damos cuenta de que esas improntas
se establecieron antes 
de que el bebé
se hubiera formado completamente su cerebro."
Tara Blasco
 
Video: Tara Blasco entrevistada por Manam:




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(*) Me parece un artículo fenomenal, interesantísimo, una buena investigación y guía para favorecer el estudio y la reflexión sobre estos temas. No obstante, en unos puntos muy concretos tengo ciertas discrepancias. Por su complejidad voy a intentar dar mi opinión personal en próximas ocasiones, específicamente en relación a la "reencarnación" y a la "no existencia de cerebro" temprana.