"Cuatro Aspectos de la Madre, cuatro de sus Poderes y Personalidades conductoras, han destacado en su guía de este Universo y en sus relaciones con el juego terrenal.
MAHESWARI: Una es su personalidad de calma vastedad y honda sabiduría y tranquila benignidad y compasión inexhaustible y majestad soberana y pujante y grandeza omnipotente.
MAHAKALI: Otra encarna su poder de espléndida fuerza y pasión irresistible, su carácter guerrero, su voluntad inexorable, su rapidez impetuosa y fuerza capaz de hacer temblar el mundo.
MAHALAKSHMI: Una tercera es vívida y dulce y espléndida en su profundo secreto de belleza y armonía y delicado ritmo, en su intrincada y sutil opulencia, en su irresistible atracción y gracia cautivadora.
MAHASARASWATI: La cuarta está dotada de una capacidad profunda y precisa de íntimo conocimiento, y cuidadoso y tranquilo y minucioso trabajo y exacta perfección en todas las cosas.
Sabiduría, Fuerza, Armonía, Perfección, son sus diversos atributos, y son estos poderes los que sus aspectos traen a este mundo manifestándolos a través del humano disfraz de sus Vibhutis. Y serán hallados en divino grado en aquellos que logren abrir su naturaleza terrenal a la influencia directa y viviente de la Madre. A estos cuatro les asignamos los cuatro mayestáticos nombres de Maheswari, Mahakali, Mahalakshmi, Mahasaraswati.
La imperial MAHESWARI está sentada en los vastos horizontes por encima de la mente pensante y la voluntad, sublimándolas y engrandeciéndolas en sabiduría y alcance o fluyendo esplendorosamente desde más allá de ellas. Pues ella es la poderosa y sabia Una que nos abre a las infinitudes supramentales y amplitud cósmica, a la grandeza de la Luz suprema, al tesoro de un conocimiento milagroso, al movimiento inalcanzable de las eternas fuerzas de la Madre. Tranquila es ella y magnífica, eterna, inmensa y calma. Nada puede perturbarla pues toda la sabiduría está en ella; nada que ella quiera conocer se le oculta; abarca todas las cosas y todos los seres y sus naturalezas y aquello que los mueve y la ley del mundo y sus ciclos y todo lo que ha sido y es y está decretado que sea. Una fuerza hay en ella que enfre
nta todo evento y lo domina, y nada puede prevalecer al final contra su vasta, intangible sabiduría y su elevado, tranquilo poder. 


Ecuánime, paciente e inalterable en su voluntad, trata con los hombres de acuerdo con su naturaleza, y con las cosas y sucesos de acuerdo con la Fuerza y la verdad que hay en ellos. Parcialidad no hay en ella, pero sigue los decretos del Supremo elevando a unos mientras que otros los aparta arrojándolos a la tiniebla. Al sabio le da una sabiduría más grande y luminosa; a los videntes los admite a sus concilios; a los hostiles les impone la consecuencia de su hostilidad, al ignorante y frívolo lo guía de acuerdo con su ceguera. A cada hombre ella corresponde y trata los diferentes elementos de su naturaleza de acuerdo con sus necesidades y urgencias y demandas, los presiona si es requerida a ello o los abandona a su anhelada libertad para que prosperen a través de los senderos de la Ignorancia o perezcan. Porque ella se halla por enci
ma de todo, nada la limita, nada la ata en todo el Universo. Y aun así, más que el de ninguna otra, el suyo es el corazón de la Madre universal. Pues su compasión es ilimitada e inagotable; a sus ojos todo son sus criaturas y porciones del Uno, incluso el Asura y Rakshasa y Pisacha y aquellos que se rebelan y le muestran hostilidad. Cuando rechaza, sólo pospone y, cuando castiga, vierte su gracia. Pero su compasión no ciega su sabiduría ni aleja su acción del curso decretado, puesto que la Verdad de las cosas es su única preocupación, el conocimiento es el centro de su poder y hacer de nuestra alma y nuestra naturaleza Verdad divina constituye su misión y su labor.








Sabiduría y Fuerza no son la única manifestación de la suprema Madre; existe aun un misterio más sutil en su naturaleza sin el cual Sabiduría y Fuerza serían cosas incompletas y la perfección no sería perfecta. Sobre ellas está el milagro de la eterna belleza, un inabarcable secreto de divinas armonías, la irresistible magia de un encanto universal y atracción que obliga a las cosas y a las fuerzas a encontrarse y a permanecer unidas de modo que un escondido Ananda pueda actuar desde detrás del velo y hacer de ellos sus ritmos y figuras. Éste es el poder de MAHALAKSHMI, y no hay aspecto de la Divina Shakti que le resulte más atractivo al corazón de los seres encarnados. Maheswari puede parecerle demasiado calma y grande y distante a la pequeñez de la naturaleza terrestre para aproximarse a ella o contenerla, Mahakali demasiado rápida y formidable para que su debilidad la soporte; pero todo se torna gozo y dulce reposo con Mahalakshmi.
Porque ella hechiza con la embriagante dulzura del Divino: estar próximo a ella constituye una felicidad profunda, y sentirla dentro del corazón hace de la existencia un rapto, un milagro; gracia y encanto y ternura fluyen desde ella como la luz del sol y dondequiera que ella fija su mirada milagrosa o deja caer el cariño de su sonrisa, el alma es ganada y cautivada y sumergida en las honduras de un gozo insondable. El toque de sus manos es un imán y su oculta y delicada influencia refina mente y vida y cuerpo, y donde ella posa la planta de su pie brotan inconcebibles corrientes de un Ananda milagroso.
Porque ella hechiza con la embriagante dulzura del Divino: estar próximo a ella constituye una felicidad profunda, y sentirla dentro del corazón hace de la existencia un rapto, un milagro; gracia y encanto y ternura fluyen desde ella como la luz del sol y dondequiera que ella fija su mirada milagrosa o deja caer el cariño de su sonrisa, el alma es ganada y cautivada y sumergida en las honduras de un gozo insondable. El toque de sus manos es un imán y su oculta y delicada influencia refina mente y vida y cuerpo, y donde ella posa la planta de su pie brotan inconcebibles corrientes de un Ananda milagroso.



MAHASARASWATI es otro Poder de la Madre, el del Trabajo, su espíritu de perfección y orden. Es el más joven de los Cuatro, es el más hábil en su facultad ejecutante y el más próximo a la Naturaleza física. Maheshwari impone las largas líneas de las fuerzas del mundo, Mahakali guía su energía e ímpetu, Mahalakshmi descubre sus ritmos y medidas, pero Mahasaraswati preside sobre el detalle de su organización y ejecución, la relación de las partes y la efectiva combinación de las fuerzas y la inequívoca exactitud del resultado y la culminación. La ciencia y habilidad y técnica de las cosas son el dominio de Mahasaraswati.
El íntimo conocimiento, la sutileza y paciencia, la precisión de una mente intuitiva y una mano consciente y un ojo capaz de discernir, propios del perfecto trabajador, se hallan siempre en su naturaleza y ella puede otorgárselos a aquellos que ha elegido. Este Poder es el fuerte, el incansable, el cuidadoso y eficiente constructor, organizador, administrador, técnico, artesano y clasificador de los mundos. Cuando se responsabiliza de la transformación y reconstrucción de la naturaleza, su acción es laboriosa y precisa y a menudo a nuestra impaciencia le resulta lenta e interminable, pero es persistente, integral y sin fallo. Porque la voluntad puesta en sus obras es escrupulosa, infatigable y no la vence el sueño; escrutándonos, ella percibe y toca cada pequeño detalle, se fija en cada pequeño defecto, hueco, error o incompletitud, considera y pesa con precisión todo lo que ha sido hecho y todo lo que queda por hacer. Nada le resulta demasiado pequeño o trivial como para pasar desapercibido a su atención: nada, por más impalpable que sea o disimulado que se halle o latente, puede escapársele. Modelando y remodelando, ella trabaja cada pequeña parte hasta que logra su verdadera forma, queda colocada en su lugar exacto en el todo y satisface a su propósito preciso.
En su constante y diligente organizar y reorganizar las cosas, su ojo percibe todas las necesidades de una vez y el camino para satisfacerlas, y su intuición conoce lo que debe ser escogido y lo que debe ser rechazado y determina con éxito el instrumento propicio, el tiempo propicio, las condiciones propicias y el proceso idóneo. Aborrece la despreocupación y negligencia e indolencia; todo trabajo sucio e inadecuado, imperfecto, toda ignorancia, todo querer y no poder, toda apariencia, toda incorrecta adaptación y mal uso de los instrumentos y facultades, el dejar las cosas sin hacer o medio hechas, es ofensivo y extraño a su temperamento. Cuando su trabajo acaba, nada ha sido olvidado, ningún elemento ha sido puesto en un lugar que no le corresponde u omitido o relegado a una falsa condición; todo es sólido, preciso, completo, admirable. Nada que no alcance una perfecta perfección le satisface y es capaz de enfrentar un esfuerzo eterno, si ello resulta necesario para la culminación de su creación. Por esta razón, de todos los poderes de la Madre ella es el más paciente con el hombre y sus mil imperfecciones.
Amable, sonriente, próxima y pronta al socorro, no fácilmente apartada o desalentada, insistente aun después de repetido fracaso, su mano sostiene a cada uno de nuestros pasos con la condición de que seamos simples en nuestra voluntad y rectos y sinceros; porque una doble faz ella no la tolerará y su ironía, cuando se revela, no observa ninguna piedad con los que se refugian en el drama, el histrionismo, el autoengaño y el disimulo. Una madre en nuestras necesidades, una amiga en nuestras dificultades, un persistente y tranquilo consejero y mentor que aparta con su radiante sonrisa las nubes oscuras de miedo y depresión, que nos recuerda siempre el siempre presente auxilio, que señala el eterno brillo del sol, permanece ella firme, calma y perseverante en la profunda y continua urgencia que nos conduce hacia la integridad de la más elevada naturaleza. Todo el trabajo de los otros Poderes se apoya en ella para su culminación; porque ella asegura la base material, elabora el detalle y erige y traba la estructura de la construcción.”

En su constante y diligente organizar y reorganizar las cosas, su ojo percibe todas las necesidades de una vez y el camino para satisfacerlas, y su intuición conoce lo que debe ser escogido y lo que debe ser rechazado y determina con éxito el instrumento propicio, el tiempo propicio, las condiciones propicias y el proceso idóneo. Aborrece la despreocupación y negligencia e indolencia; todo trabajo sucio e inadecuado, imperfecto, toda ignorancia, todo querer y no poder, toda apariencia, toda incorrecta adaptación y mal uso de los instrumentos y facultades, el dejar las cosas sin hacer o medio hechas, es ofensivo y extraño a su temperamento. Cuando su trabajo acaba, nada ha sido olvidado, ningún elemento ha sido puesto en un lugar que no le corresponde u omitido o relegado a una falsa condición; todo es sólido, preciso, completo, admirable. Nada que no alcance una perfecta perfección le satisface y es capaz de enfrentar un esfuerzo eterno, si ello resulta necesario para la culminación de su creación. Por esta razón, de todos los poderes de la Madre ella es el más paciente con el hombre y sus mil imperfecciones.
Amable, sonriente, próxima y pronta al socorro, no fácilmente apartada o desalentada, insistente aun después de repetido fracaso, su mano sostiene a cada uno de nuestros pasos con la condición de que seamos simples en nuestra voluntad y rectos y sinceros; porque una doble faz ella no la tolerará y su ironía, cuando se revela, no observa ninguna piedad con los que se refugian en el drama, el histrionismo, el autoengaño y el disimulo. Una madre en nuestras necesidades, una amiga en nuestras dificultades, un persistente y tranquilo consejero y mentor que aparta con su radiante sonrisa las nubes oscuras de miedo y depresión, que nos recuerda siempre el siempre presente auxilio, que señala el eterno brillo del sol, permanece ella firme, calma y perseverante en la profunda y continua urgencia que nos conduce hacia la integridad de la más elevada naturaleza. Todo el trabajo de los otros Poderes se apoya en ella para su culminación; porque ella asegura la base material, elabora el detalle y erige y traba la estructura de la construcción.”
Sri Aurobindo
en su libro La Madre,
en su libro La Madre,
editado por la Fundación Centro Sri Aurobindo de Barcelona
(extracto pags. 47-57)