domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Cuántos años tienes?

Establecemos comunmente que una persona comienza su vida cuando nace. Antes solemos anunciar: “tendré un bebé”, “seré padre”, “seré madre”, “será niño”, “será niña”. Se habla con supuesto carácter científico del “futuro bebé” y generalmente se prepara y acompaña el embarazo y parto de los “futuros padres”. Escribimos el diario de vida personal a partir de la fecha de nuestro nacimiento y para el resto de nuestra vida nos organizamos inconscientemente en función de los años que se supone vamos teniendo de existencia.


Pero esto es un error... estamos ignorando sin quererlo ¡casi un año más de Vida!, de experiencias mucho más significativas quizá que las post-natales puesto que son anteriores, más nucleares, mucho más estructurantes y determinantes tan sólo por ser las primeras. ¿Y qué decir encima si algunas de esas experiencias hayan sido profundamente shockantes y perturbadoras?

Al darme cuenta de cómo esta creencia había influenciado nuestra cultura, nuestra manera de comprender la vida, de relacionarnos y hasta el mismo lenguaje,
cuando una madre embarazada me dice ilusionada “se llamará tal”, me atrevo desde el corazón a aclararle, se llama, ya se llama, ya es fulanito. Entonces algo mágico sucede sutilmente, algo se hace real, algo se pone en su lugar, como si se despertara de un hechizo... Quizá el mismo bebé puede en ese momento ocupar su espacio, como si antes no se le diera permiso para ello porque creemos implícitamente que todavía-no-es...

“El niño que nace ya tiene un pasado de 9 meses”
O.M.A.E.P.

Esta frase es de Marie-Andrée Bertin mientras fue presidenta de la Organización Mundial de Asociaciones de Educación Prenatal. La saqué alrededor de los comienzos de este blog, en mi apasionado camino autodidacta, de su conferencia del 2001 titulada “¿Influye el periodo prenatal en nuestra vida?”, y que he visto desde entonces re-citada en otros sitios, igual como tantas de las citas que intuitivamente genero a partir de la lectura de libros, artículos, visionado de charlas y conferencias y que luego veo con sorpresa y fascinación cómo calan en otros y las nombran como si fueran frases célebres conocidas de toda la vida que llevaran años y años en la sabiduría colectiva.

Los seres humanos empezamos la vida en nuestra concepción. Uno es padre o madre desde la misma concepción de su hijo o hija. Un bebé es bebé desde cuando es concebido; ahí ya tiene un papá y una mamá para siempre. De ahí la trascendencia de la concepción, de la sexualidad y del matrimonio hombre-mujer.
Y esto es así incluso con la reproducción asistida, porque aparte del amor sincero que puedan sostener los padres cuidadores -aunque clientes en definitiva de los laboratorios-, los verdaderos padres son los donantes del óvulo y del espermatozoide, ellos son los responsables humanos primeros de esa nueva persona.

Que nos impongan leyes para apoyar lo contrario no significa que éstas reflejen la Realidad. Como por ejemplo que los donantes de los gametos tengan derecho a ser anónimos y se les exima de cualquier responsabilidad mientras que la persona fruto de esa sagrada unión y que ha sido privada de un engendrar natural para nada tenga derecho a saber quiénes son su verdadero papá y su verdadera mamá y por más absurdo e injusto no se la considere ni “persona” durante sus primeros días de existencia, quedando así, con todas las de la ley, desamparada: SIN PADRES.

¿Por qué se está atacando tan violentamente la fertilidad de la población vía tóxicos químicos y energéticos en todo lo que nos rodea y psíquicos a través de la ingeniería social y a su vez se están promocionando las Técnicas de Reproducción Asistida como si fueran la maravilla de las maravillas, cuando en realidad las personas que tienen que acudir a ellas y meterse en el carro de los durísimos procesos físicos y psicológicos que conllevan son en realidad también víctimas de esta mercantilización de la vida? Para los seres humanos no es un derecho poder acceder a la reproducción asistida; es un derecho poder preservar nuestra fertilidad natural y gozar de salud, ordenarnos con las leyes de la Naturaleza y vivir en un mundo sano, libre de tóxicos y agresiones tanto físicas, energéticas como ideológicas.

¿A quiénes benefician realmente estas políticas “sociales” si la calidad de una sociedad depende de la salud integral de cada uno de sus miembros?

No es que haya solo un Plan oscuro para reducir la población; es que hay un Plan oscuro para reducir la población
engendrada de manera natural y sustituirla por una población intervenida por la reproducción asistida. Porque quien controla el pasado prenatal y perinatal de la persona controla su futuro.