viernes, 27 de mayo de 2016

Hacia una hijeidad* consciente

"Mar", fotografía de Lídia Estany Estany
lidiaestanyestany.blogspot.com

“¿Es necesario tener un padre y una madre?” 

A nuestros ancestros se les pondrían los pelos de punta al ver que generaciones y generaciones posteriores, en ese futuro tan prometedor, sus descendientes cuestionarían temas tan obvios como la importancia de tener un padre y una madre.
¿Cómo se puede dudar de algo tan evidente?
¿Es que no somos conscientes de nuestra hijeidad?

¿Es que no conocemos nuestra biografía desde la concepción? ¿Qué necesidades tuvimos en nuestra vida prenatal tanto respecto a nuestra madre, hacia nuestro padre, y hacia la sociedad? ¿Qué sentimientos congelamos, qué palabras hubiéramos querido poder expresar? ¿Es que no nos hemos planteado qué hemos aprendido de nuestro padre? ¿No sabemos qué hemos recibido de la parte paterna de nuestro árbol genealógico? ¿Qué hemos aprendido de nuestra madre? ¿Qué hemos recibido de la parte materna de nuestro árbol genealógico?
Y en la parte paterna también hay mujeres.
Y en la parte materna también hay hombres.
La unión de un hombre y una mujer es condición necesaria para la llegada de un hijo. No sólo porque representa un fractal mayor coherente con la unión física del espermatozoide y el óvulo, sino porque también está en armonía con la unión energética del óvulo y el espermatozoide.

Cada persona tiene que ver con su padre y con su madre, a partes iguales;
la famosa “igualdad” tan reivindicada hoy día pero únicamente cuando interesa, y cuando no, pues des-igualdad, des-equilibrio, des-orden. Una mujer no puede tener hijos sola, o un hombre no puede tener hijos solo, o dos hombres juntos, o dos mujeres juntas... ¿un óvulo solo ante el milagro de la vida?, ¿un espermatozoide solo en el don de procrear?, ¿2 espermatozoides uniéndose?, ¿2 óvulos fusionándose para recibir un nuevo ser?. Eso no es posible, porque la unión de un óvulo y un espermatozoide tiene un Sentido y una Razón de Ser. Porque esa nueva criatura tiene como condición necesaria para su constitución la unión de lo masculino y de lo femenino, como eje principal de su propósito de vida.

La hijeidad consciente, la cualidad, el estado, el arte de ser hijo, concepto que hace unos años fui captando desde lo abstracto, lo inconcreto, lo difuso, sin un nombre claro, después decidí la palabra (con “e” en vez de “hijaidad” uhijoidad” para incluir a los dos sexos y ubicar el concepto en un nivel mayor), y luego me fui atreviendo poco a poco a compartirlo con algunas personas cercanas. Al ver que esa idea era bien recibida, lo hice público tímidamente al presentar mi proyecto de talleres sobre Consciencia Prenatal y Perinatal, ante la falta generalizada de consideración al punto de vista del hijo, ante la ignorancia mayoritaria en comprender que el ser humano es consciente desde su concepción y que necesita por tanto un cuidado integral. Ahí hay una persona que se tiene que respetar desde el principio. Se es padre o madre porque hay un hijo o una hija. Y primero venimos al mundo siendo hijos o hijas, una hijeidad que durará toda la vida, por muchas otras nuevas condiciones que vayamos añadiendo, padre, madre, abuelo, abuela...

La hijeidad está vinculada con ser humano porque se es humano siendo hijo. ¿Pero, qué es eso de ser hijo? ¿Qué es ser humano, ser único y a la vez estar vinculado física-emocional-psíquica y espiritualmente con los progenitores y éstos a su vez con sus propios progenitores, y ellos a los suyos y así, ¿hasta dónde??

Los vínculos de filiación son inquebrancables. Perduran en cada persona toda su vida. Sean positivos o negativos, saludables o traumáticos,... y se traspasan de generación en generación, aprendizajes heredados, retos, obstáculos, pruebas más allá del tiempo, logros, dones, propósitos de una Gran Alma Familiar para evolucionar, crecer, vivir con más libertad. Yo he revivido en sueños sucesos traumáticos de mis antepasados que se habían olvidado o se ignoraban en generaciones posteriores y un nuevo miembro, en este caso yo, recuperaba la memoria colectiva a través de la conexión onírica. Tiempo después recibí el regalo de poder verificar que esos sucesos fueron ciertos y que no eran vidas pasadas “mías” ni simbolismos típicos en el análisis de sueños convencional, como supuse al principio, sino vidas pasadas, sí,... pero ¡de otros!. Hay un vínculo mucho más profundo con los progenitores y con los antepasados como para simplemente llamarlo “genética”. Hay algo vivo... que permanece... que anhela sanación...y que nos da Fuerza...

Ahora más que nunca se hace necesario recuperar esa hijeidad perdida, olvidada. Para comprender las necesidades básicas de uno mismo, y de todo ser humano y para preservarla consciente en la futuras generaciones. La familia raíz, padre, madre e hijo no es algo cultural, o dependiente de las modas, es una realidad biológica que nos constituye queramos o no, la honremos o no y que nos acompaña de por vida, aun con los padres ya fallecidos... El hijo es la memoria viviente de la Vida de los dos progenitores.

La unión de un óvulo y un espermatozoide no sólo es un tema horizontal... también es una conexión vertical. Y es que Dios... (el Todo... lo abarcante de todo... la esencia profunda de las distintas religiones,...) está por todas partes.... hasta en el Sexo entre un óvulo y un espermatozoide, hasta en el Sexo entre un hombre y una mujer. Pero como es invisible.... ¿quién se da cuenta?

El camino de recuperar la hijeidad no sólo trata de reflexionar sobre el padre y la madre propios... y como consecuencia también sobre sus propios progenitores...Va de autosanación radical, de acceder a raíces más y más hondas del pasado en esta vida que afectan el presente, de sentir cómo nacimos, de sentir cómo nos gestamos, de sentir cómo fue nuestra concepción... Eso no sólo es autoconocimiento, una de las consecuencias es que se conoce al otro, a ese padre y a esa madre... cómo se sentían, qué les ocurría... La autosanación refuerza el vínculo afectivo con los progenitores y, entonces, uno se da cuenta, desde dentro, de lo importantes que son un padre y una madre.

Podemos violentar la fecundación humana y las primeras 2 semanas de vida con las llamadas Técnicas de Reproducción Asistida, pero con ellas no vienen al mundo personas “artificiales”, sino personas abrumadoramente sensibles por haber sido extremadamente agredidas en lo más profundo, durante su viaje inicial. ¿Vamos a tener que esperar que más y más personas intervenidas por estas técnicas acudan algún día con imperiosa necesidad a una terapia profunda, igual que ha sucedido por ejemplo con los nacimientos violentos, para darnos cuenta de que no estamos cuidando ni preservando la salud en la primera etapa de la vida?

Porque ser persona, lo humano, tiene que ver con la unión de un espermatozoide y de un óvulo, la unión de un hombre y una mujer... por mediación de Dios. El camino de recuperar la hijeidad también trata sobre la cuestión espiritual, porque sin Dios, no hay Vida. Dios es la evidencia pasmosa que ha pasado por alto la ciencia. Dios es la sustancia que nos anima. Quien da el Sí a una nueva vida.

La unión holística hombre-mujer no es algo pasado de moda, es el presente, pasado y futuro de la humanidad, porque sin ella, no hay hijos. Y agrediéndola, no hay hijos sanos. ¿Tiene mucho que ver el declive de nuestra civilización con estar también desgajando esta sagrada unión?

La mágica atracción entre el pronúcleo masculino y el pronúcleo femenino sucede en un fractal más pequeño de la realidad externa del espermatozoide y del óvulo... como si existiera en otra dimensión... alejada del mundanal ruido... en la intimidad... en la protección de lo inmanipulable, inviolable... lo masculino y lo femenino fusionándose por mediación de Dios...

Solos tu, yo... y el Todo... 

Toda persona comienza con la unión de los pronúcleos, y éstos dibujan una Vesica Piscis, símbolo por excelencia en geometría sagrada, símbolo común en muchas culturas y religiones, y la geometría de la luz. ¿Tiene en este sentido algo que ver el símbolo del pez con la concepción humana?

Quizá nuestra parte espiritual sea más evidente de lo que pensamos... Quizá ser hijo no sólo tenga que ver con tener un padre y una madre... Quizá ser hijo tenga también que ver, y sobre todo, con ser Hijo de Dios.

Lídia Estany Estany 
Autora del blog La Vida Intrauterina 

(*) hijeidad: palabra inventada para nombrar la cualidad de ser hijo, el aspecto integral del hecho de vivir en este mundo siendo hijos.