jueves, 20 de junio de 2013

Sanando la edad de hielo

“El grado de consciencia que un niño tiene en el momento de su concepción, se ejemplifica en dos niños de diferentes familias. Aún cuando los síntomas más evidentes eran los problemas interpersonales, descubrí que en ambos casos los niños estaban obsesionados de manera irracional con la temperatura. Uno de los niños estaba intensamente interesado en el frío. Solamente podía hablar de ir a vivir en Alaska, como si ése fuera el único lugar seguro y significativo en la tierra. Toda una pared de su habitación estaba cubierta con fotografías de montañas cubiertas de hielos eternos. El otro niño experimentaba un rechazo del frío. Todo el tiempo se sentía frío y no podía entrar en calor. Solamente podía hablar de irse a vivir en un medio tropical.

Como averigüé con el tiempo, estos dos niños provenían de embriones congelados. El primero, recapitulaba de manera directa su experiencia, buscando el frío todo el tiempo. El otro recapitulaba su experiencia de manera negativa, buscando todo el tiempo el calor. En ambos casos, la experiencia de haber estado congelados había afectado la confianza de estos niños en sus padres y esa desconfianza se ponía de manifiesto en los conflictos familiares. Después de algunas pocas sesiones de tratamiento, durante las cuales los niños contaban cómo era eso de estar congelados, en cada caso los niños fueron perdiendo su obsesión con la temperatura. Al mismo tiempo, disminuyeron los conflictos familiares.”


Dr. William Emerson,
Recordando nuestro hogar,
Emerson et. al.
editorial Lumen


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